Siempre quise ser madre. Creo que es de lo único que he estado totalmente segura en lo que llevo de vida. Y ahora que lo soy, además por partida doble, siento vértigo al saber que soy el espejo en el que se miran cada día y parte de lo que dicen, de lo que hacen, de lo que son, es el reflejo de ese espejo. Un reflejo que varia en la forma en que yo me comporte, hable o me sienta. Y eso asusta, pero también es un reto que afrontar cada día porque así consigo aprender de mis errores y los enmiendo cuando mis pequeños "reflejos" me enseñan lo que han visto en ese espejo.
Y como en todo nos quieren imitar, pues no iba a ser menos a la hora de vestir. Por eso, mi querida niña al ver el bolso que había hecho para mi, me dijo: Hala, mamá! Yo quiero uno igualito que el tuyo! Et voilá!






